Uno no puede borrar quien es, más allá de eufemismos y contradicciones, más allá de que crea que una máscara o una alfombra lo oculten, barrido por la desdicha o el desamparo, por la soledad fingida, por las manos trémulas, por la desidia atornillada, por el cansancio que encrespa, por la desesperanza que alberga el latido mustio en el regazo de la tormenta de naufragios y desvaríos.

Lo podrá ocultar un tiempo, por buenos o malos motivos, por necesidades de la mente, del corazón, de las pastillas del sueño que no despiertan al abuelo de la pesadilla de vivir sin el cariño de los nietos nuevos.

Lo podrá esconder a plena luz, para que el brillo no distraiga, para que la luz no ciegue, aunque choque con las paredes y se raspe el alma y la alegría, para que el otro que le rodea lo vea en tinieblas y lo acepte, para que la sociedad enceguecida no lo acuse y lo condene, para quien no se ame, lo quiera aunque frunza el ceño de la vida y no vea ni a los lados ni a poniente.

Lo podrá disimular en la mesa, en la cama, en la fiesta, se podrá disfrazar de malaria, o de gonorrea, de tristeza almibarada que no ayuda pero pega, de sutil desmembranza, de amargo, de arraigo, de pesadez, de empacho, de desconsuelo sin dientes, de alzheimer, de no me mires que tu pestilencia me embarga pero un día, un día sin avisar, sin espacio, sin miedo, volverá a surgir quién es, como de puntillas en la noche de la vida, al clarear la certeza desconchada, la esclavitud autoinflingida, la cárcel interior generará una amnistía para los locos libres, para los juanes con alas blancas y graznidos de plata, para las rosas que ya no esperan, para los principitos que se quedan y acompañan en abrazos de vida y ternura, para los samaritanos que se visten de gala y fiesta, para los que en el patio son gorjeo y botes, también de pintura en la cara y de colores en la mirada.

Ese día brotará como alma de lluvia, como despertar de eclipse, como caricia de cuello, como beso en las manos en el principio del fin que remansa en la arena de la playa de plata a donde vamos todos, a jugar, a bailar, a reír, a llorar y agradecer que un día me perdí… de vista, dejé… de mirar hacia dentro, solté… su mano y su suave respirar, y hoy me reconozco… en el juego libre, en la risa… a carcajadas, en la lágrima… del reencuentro, en el ojo que todo lo ve y me mira desde dentro para más adentro que es el fuera de todos los días.

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