Quiero ver y no cerrar los ojos,
necesito ver y mirar de frente,
preciso sentir la luz de la mirada
los abrazos incandescentes,
la pasión que descorre velos,
la ternura que descerraja crisoles,
miríadas,
destellos descorazonadores,
esperpénticas sombras de luz.

Hacerme ver la mirada que enjuicia,
lo que provoco desde el desparrame,
lo que enturbio desde el juicio,
y escudriñar como desde soslayo,
lo que el ojo no ve,
pero reconoce como propio aún en el destello resplandeciente y cegador, del ego desmedido.

Ayúdame pero muere por mí,
y aunque parezca enajenado y promiscuo,
ámame desde el desgarro,
con desarraigo y lluvia plomiza,
enfermiza,
desestructurante,
que descubra lo podrido de lo que embrutezco,
renaciendo sin muerte,
sin verte,
sin mirarte de verdad en el espeso desplome,
sin desove,
sin mar que ahogue burbujas y borbotones.

Me comunico y no te escucho,
te culpo y te agradezco,
te hago cargo y relleno tu mochila,
tu verdad dicha, tu certero ataque,
y te hago cargo de lo sin nombre,
sin padre,
sin vida,
porque mi verdad es eterna y una,
y a pesar de amarte sin tierra,
sin penumbra,
sin achaques,
ataco lo que nos une,
desde la herrumbre que desconoce,
que afirma y martillea,
que es de marte sin amor,
sin miedo,
sin huella,
sin rumbo.

Necesito que me mires,
que me veas,
que veas tu reflejo al mirarme,
al amarme,
al atacarme,
al justificar tu mierda apostolada,
apostillada,
quejumbrosa desde la mirada,
y que te liberes de dimes y diretes,
que aceptes que no salvas si estrangulas,
que no amas si condenas,
que no eres si no miras para ver y reconocerte.

Necesito que seas cierta y única,
que no te pierdas en la desdicha de la mentira
que aceptas como verdad,
que no creas ni crees barreras y muros
donde esconderte y alejarte,
y que de alguna manera,
desde el cuerpo inerte que frunce,
que aletea y que un día decidió crear desde la creencia
que el camino único lo recorren todos los pasos
pero solo lo alumbran los corazones de luna llena,
ser lo que nos autentica,
sin carbono ni etiquetas,
y que desde la noche nona,
hasta la ternura naciente del primer beso,
respiremos desde el sentir,
y que insuflemos alas de libertad transformadora,
siendo gracia y aliento.

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