Silicio,
gritan las voces huecas,
las manos que no describen,
los renglones desmesurados.

Sustos los premeditados,
destrozados los callados,
apresurados los huidos,
permutados los ocultos,
permitidos los entregados.

Permitimos en el clamor,
ser ninguneados,
descritos desde fuera,
adscritos al particular desonrojo,
señalados por diferentes,
acusados por libres,
destronados alineados,
desprotegidos en el rebaño,
atronados empastillados,
alucinados en la penumbra ciega,
encerrados en plena calle,
enlutecidos en el clamor,
plagiados en la nostalgia.

Descubro que en el silencio de la habitación que me habita, alas que no vuelan, abrazos que no llegan, pasiones en las esquinas. Descubro que nada de lo vivo permuta la simpleza limpia, la mareante soberbia, la estruendosa caricia, la atronadora explosión de una lágrima en la mejilla, la rotundidad de los ojos llorosos, la lacerante cobija huérfana, la almohada que se esconde al otro lado de la cama.

Ese sonido que no llega nunca, que se permite el lujo de esconder lo vivo, lo total de lo cercano, el abismo de no encontrar nada de nada de nadie en los centímetros sagrados de palo santo en brasas y mi corazón amante sobrando, sobando las sábanas, en la espesura salvaje, de la muerte que se acerca de la mano de la vida, gemelas de nacimiento, compañeras huérfanas por religiones y letanías.

Cuantas veces me pregunto sin pentagramas que cómo va la vida. Y sonrío sin sonrojos que va como sabe, como es, sin esfuerzo, un rayo de sol, un latido final de la noche, en la penumbra de los gestos y de las sombras, y sin distinción ni detención sigue, no separa lo abierto de lo cerrado, todo es en sí, y nada distrae, no hay pensamiento ufano ni hambre de hombre, paralelamente a su discurrir, a su certeza, a su permanencia.

Describo giros de estrella,
permitiendo paseos,
permutando pasillos,
escupiendo pastillas,
esculpiendo sonrisas,
escanciando hasta la última gota,
esparciendo hasta la última semilla,
alentando al dragón de los inicios,
a la serpiente que anida,
al águila que todo lo ve,
a la tierra que nos cobija.

Al viento que nos anuncia,
a la lealtad que nos frunce,
al corazón que potencia,
a la mirada que nos acerca y nos refleja,
a un día más, en este ahora portentoso donde la maquinaria de la existencia nos invita y no se ofende si nos bajamos.

Siempre la puerta abierta y la sonrisa, al llegar y al despedirnos,
valiente en su entrega,
generosa en el dilema,
aguas de montaña,
transmutando vida,
entrega total a la mar,
cual madre amorosa,
cual vuelo libre.

Polvareda de libertad,
sueño real,
caminar posible,
amor en gestos,
todo por hacer,

vivos en la vida.

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