¿Qué dice la Pachamama de lo que surge en los sueños, de las raíces traidoras, envenenadas, tentadas a ser lamento y papel, a ser la noche oscura de los tiempos, a escribir a trazos y renglones, a plasmar arenas blancas en nubes de tul, y arañar la caricia tersa de unos labios?.

Dice que me ama, que se ama, que ama por ser y estando, que ama cuando la arrancamos lamentos de vida y luz, de fuego en mimbres, de estallidos recordantes, enebrantes, palpitantes, sumisos a la entrega, parecidos a lo lejos, almibarados en alambiques, en estambres que estrangulan, calculadores en la siembra afectiva de la semilla y la flor. Dice que me ama aún más de lo que nadie imagina, que vive repleta de hombres y fantasías, de mujeres y semblanzas, de pasiones y clamores, de batallas y algarabías, que estalla de amor cuando sabe que su sombra se ilumina en las noches de luna llena, de frío intenso, de abrazo congelante, lacerante, turbia la semblanza en la pared del bosque donde un día nació en placentas de rosa y niñez.

Dice que me ama aún más por recorrer sus ramas, ríos y venas, por ser la perfidia amable, que junta los diversos y los lejanos, los que se van y los que se quedan, los que desean la muerte y aman la vida estrujando las simientes con verdad, con claridad, con a pecho descubierto, a calzón quitado, sin nada que ocultar, con el silencio cómplice a flor de piel, desnudando cada poro de las palabras aún no dichas que completan el surgir tenue de una estrella que para nacer desde dentro muere a lo que puede ser, a lo que dicen los demás y al fruncir sinuoso, esculpido en tañidos, amamantado en coladas de forjas y precipicios, donde ser álamo y no temblar, donde ser haya y encontrarte, donde ser verbena y temblar de corazón, donde ser salvia y mejorar si no sabes, mientras sientas.

Dice la Pachamama, trazando en el cielo del atardecer, que somos hijos del mismo sol y de la misma luna, que estamos de paso, que su paso es hacia dentro, que su abrazo es profundo, que su amor es terrenal aunque apunta hacia las estrellas.

Dice y la creo de creer y de crecer, que lo que me da se clava en las arenas de todos los mares, de todos los amores, de todos los males, de todos los martes, y que el viernes que queramos podemos llamar a Júpiter y a Saturno, e invitarles a cantar al abrigo de sus hojas, que no son papel pero son consciencia.

Dice la Pacha…. Escucha…. Sí… la oyes…. Entre tu y yo, como si fuera un secreto… si…. Ven, acércate, abrázala, ¿la sientes?

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