Perversos los abismos contenidos, los huidos, los iracundos, los que clavan sartenes en sortijas en sórdidas madejas, promiscuidad de sortilegios, palpitantes las escamas, las escasas, las mudas, silenciosas de piel.
Por versos, escritos en el soliloquio de estrellas punzantes, descabellantes, en espumarajos de sangre, en torniquetes de hiel, en miradas cruzadas, ojos extraviados, cegueras permitidas, premisas que no llegan al cuello, manos arqueadas, camisas comidas, raídas, esperpénticas.
De besos, los labios secos, de memorias que buscan polvos de estrellas en esferas, estreñidas las esquinas, vomitivas, escanciando ancianos bermellones, nacientes las placentas, desternillantes las amenazas, particulares los sollozos.
Polarizaré cada descenso a la matriz desnuda, a la cascabeleante posesividad huérfana, a las sumisas centellas, a las perdidas perseidas, a las que se fueron imbuidas engañadas, engañosas, convencidas, hilarantes al quejido desmembrado, al cerrojo descorrido, al entrecejo tenso, al despojo de emociones, al enojo sin pataleta, al ojo cerrado que ciega su mirar.
Destruidas las barreras y las barcas nadar no es una opción, desnudar las ropas, llenar las copas, alentar los descorches, abrir con candor los broches, estrujar los momentos, aliñar las espaldas, tronar con mandobles de escarcha en la piel eléctrica renacida del nuevo tiempo, del nuevo níveo ser de luz, vibrantes, sin etiquetas, posibles, totales, permutados los escritos descritos, sin líneas los renglones, desligadas obligaciones, albedríos de plata y mar, baños purificadores, caracolas perennes, mirar que esconde espumas y alas, maderas de arrayan, caricias del alma.