Cuando escrutamos presentes desde el recuerdo, hay voces que no callan, pero si nace un silencio y aun así no hay quien le responda a la mente, es porque debe ser que la consciencia consistente anuncia los nuevos tiempos y espacios, desvela la noche oscura y la llena de luz, luminiscencia que alimenta lo que va y lo que viene sin juicio y con dulzura de la que si no hay quien no hay nadie ni todos, y aun así hay presencia de totalidad.

Ser el observador aleja lo real ilusorio, de lo real que acontece, y ambos están vivos, y sucediendo a la vez.

Que todo lo posible ocurra al mismo tiempo de todos los tiempos y de todos los espacios, presentes pasados y futuros, y si además no hay un quien viva desde fuera o dentro cada uno de lo creado, y más aún si el observador que observa no está en ningún plano de consciencia cognoscible, nada puede decir ni alejar desde el pensar que nada existe y aun así la imagen de lo acontecido se refleja en el espejo, y ojalá nadie lo recuerde ni lo guarde en la memoria, para que todas las vivencias adimensionales, acontezcan ahora, y nunca.

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