Elegir…
elegir un marido,
un destino o una solución.

Elegir es un acto consciente,
a veces consecuente,
casi nunca envolvente,
otras veces inculca presente,
presencia y verdad.

¿Elegir o ser elegido?

Volvamos al marido.
Si ya no está en tu vida,
si te separaste de la persona
nunca podrás borrar el hecho,
lo elegiste ó lo aceptaste.

Uno elige o le eligen.

Si tú eliges,
tú cuerpo manda
siente y sufre.
Si eliges con las entrañas,
o con el hígado,
o con el corazón,
o con la cabeza,
o con el oído,
o con los ojos,
o con las manos,
o por la piel.

Uno elige y en ese acto
no hay excusas.

No me salió bien… Elección dubitativa
No es como yo creía que era… Elección de creencias
casi siempre ajenas
y por estadística
tomadas por otros que no son tú.

Todos todas todes,
sabemos cuándo elegimos
lo qué y a quién elegimos.

Cuando nos eligen y aceptamos
también.

Luego
el juego de las excusas.
Y el refrendo de los iguales.
El club de los eximentes excusadores
cobardes en la aceptación de las decisiones
que tomaste o qué dejaste que otros
tomarán por ti.

Todo lo decidido
es una forma de elegir.
Ser el primero ó el último.

Elegir
es la forma en la que la vida nos coloca,
te coloca,
me coloca,
y prefiero elegir y aceptar sin excusas.

Recuerda
que cuando aceptas el ser elegido
también estás eligiendo.
En la entrega del hecho
no puede haber excusas,
porque siempre
puedes decir no.

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