Preguntar sin sobornar,
escudriñando los labios del sonrojo,
amamantando perlas y perfidias,
desparasitando sueños y anhelos.
Preguntar que sientes,
sabes,
entiendes,
palpitas,
descubres,
preguntar para saborear
compartir colores
texturas premuras
lujurias y lajas.
Preguntar desde el brillo en la mirada,
desde el otrora callado grito de lamento
en estertor de pasiones,
de misiones,
de visiones,
de prisiones que cancelan
que reabren
que muerden
que cercenan
al discurso callado,
a la perniciosa necesidad de la víctima,
de la olvidada,
de la iracunda
acunada en silencios.
Dentro
donde palpitan los nacientes
anclados
cojos
sueños,
en vez de atribuirles alas,
levitaciones y versos,
idiomas de mil lenguas,
de las de a los lejos
en pasos amplios y campos,
y de Babel
en el encuentros de gentes y especias.
Verme en tu mirada,
sin las preguntas de la mente quejumbrosa,
que todo lo quiere saber,
justificantes sus algarabías de que ella no siente,
¿será porque no quiere, o porque tiene miedo?
¿No quiere porque no se ama o no quiere
porque no quiere que la amen y formar parte del todo?
¿Tiene miedo y por eso pregunta, o pregunta
porque tiene miedo y es mejor
dudar que entregar,
esconder que aceptar,
dañar que compartir,
odiar que vivir en las manos de las miradas amables del otro
que soy yo
y soy tu
y soy todos?
Dentro,
desde dentro miro
y me dejo mirar,
con la puerta abierta,
con el alma en las alas,
sin lastres de otros vuelos
de otros sueños,
con la certeza del ahora único y volátil,
con la aceptación de que todo está bien y es perfecto,
con la ingenuidad de lo fungible y eterno,
con la premura de estambres y pistilos,
presto a la vida y al salto al vacío.
Dentro,
y si estás dentro,
sal,
que hay patio de sobra para ti en mi,
y miles de juegos.