Descorrer tormentas de los goznes del tiempo
mientras los sueños agitan la verdad oscura,
que se esconde,
que transita,
desprendiendo lo oculto de la ternura,
que acaricia mis quiebros
en quebrantos de lluvia,
que llora desconsoladamente
mientras te veo murmullar en los remansos del río,
de la corteza que silba,
sin atragantarse
mientras los mustios cercenan la piel,
arrancan lamentos en lametones de primavera,
en caricias caninas,
cansinas,
aullantes,
mientras muere la ilusión de lo fingido,
de lo que nace en remansos de hojarascas tullidas,
carcomida la ternura,
que me abraza a ti,
a la finura de miriadas,
coloreando en celestes los atardeceres,
mientras desternillo los deseos,
abombo los platillos,
cerceno pálpitos,
escudriño tus suspiros enaltecidos,
cuando descubro que todo cambia,
incluso lo que cambia de mesa,
aunque arrastre la silla de juego,
o de sueño.

Repentinamente
mientras sabemos que todo se eleva
sin rumbo ni control,
en una locura premeditada,
de verdades quebradas,
de números primos,
desconsoladas las fusas y las corcheas,
que vibran como galopes tendidos,
la ropa húmeda,
las manos enjabonadas,
el pecho desgarrado de amor,
del que emana de frente,
sin ostracismos ni duermevelas,
sabiendo en el mustio silencio doliente,
que aunque las distancias nos alejen
del remanso de claveles,
el afecto de mirarte con el pique de un balón,
de una espina de rosa,
de un adiós a los gritos y a los abrazos,
desnudando la garganta de gorjeos,
de aullidos esperanzados,
de parabienes encendidos.

Cuando un ciclo se hace gigante a los ojos
del mirar infantil,
inocente,
de puntillas,
alumbrando escondites,
escaramuzas de adulto
que no quiere crecer
a la madurez de las reglas imposibles,
desterrando lo irracional de lo exigido,
permutando lo que no sabe pero siente,
renaciendo en las cenizas,
atornillando lo que decidió inmolarse
para no fenecer a la palabra y al gesto,
destapa el frasco de esencias,
sin enfrascarse en elegías y promociones,
sin que el tres por uno sea más que el dos más dos.

Descalzos los caminos,
polvorientos los pasos,
desmembrados los deseos,
enaltecida la ternura,
amamantando el afecto y la mirada de sotavento,
esculpo en la espuma perdurante de los sueños
sueltos en sonetos,
que tu deseo de luz y fulgor,
es lo que emana de la certeza de que los caminos juntan y revuelven, juran y señalan,
enseñan y protegen,
abrazan hermanando las destrezas raras,
las caballerizas y sopletes,
las trémulas camisas que envuelven los vientos,
y en el barco de mi vida que navega sin esfuerzo,
aceptaré que todo cambia a golpes de certeza y vértigo,
y que acepto su desafío con amor y dientes de leche,
lechosas las manos que sostienen,
que alcanzan,
que desbordan,
azuzando lo cristalino,
lo nativo de lo originario,
manteniendo en gimoteos el rocío de la mañana
que se clava en mi ventana,
donde las velas son pulmón y caricia,
caracoleantes expresiones,
explosiones suaves,
graznidos de algarabía,
camino que retorna,
que reta,
desafiante en el pentagrama,
afectuoso en la espera que acompaña,
que cuida,
como mirada de abuelo,
suave abrazo de fuego que eleva,
aún sin permitir permutadores desvelos.

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