Ignorar no es perder la memoria,
ni naufragar entre la verdad y lo distinto,
ni perder el sentido de lo propio,
ni claudicar de hastío.

Ignorar es dejar pasar el agua de este lío,
explorar otras posibilidades en el afecto del cariño,
es la locura contenida en mares podridos,
en oscuras póstumas,
en luces estruendosas de algarabías iracundas
que destruyen lo clavado, que descarnan lo vivido.

Ignorar es dejar de ser un instante para seguir,
es permitir lo que nunca se hizo semilla,
es dejar de lado los laberintos,
las certezas,
lo que indica,
lo que desmiembra,
lo limitado de lo que no puede ser,
de lo que nunca haré,
de lo que hoy permito desde el pensamiento activo.

Ignorar no es ceguera,
ni entrega,
está más cerca de lo que hoy permito,
de lo que podría ser,
de lo que nunca suscribo.
También es dolor,
y cambio y nacimiento y muerte,
y descalabro de huesos,
y plácemes de sinagoga,
sin cuerda, sin nudo, sin sentencia.

Ignorar es mentira de puntillas,
es dejar que crea dice el ego,
es herrumbre en la sien,
es permanencia etérea,
es te quiero y aflojo,
es no gano sino ganamos juntos,
es somos amigos de familia, pero no primos,
es salir del confort construido y entrar en el temor de lo perdido,
es descorchar claveles en los silencios que no conducen a nada.

Que nos lleve la marea del viento,
que nos condense la escarcha de hiel,
poniendo sonrisas en lo permutado,
en el cambio que se avecina y que alguna vez dijo que nos amaba
mientras sus ojos nos mentían,
y, aun así,
aceptar desde el afecto inmune
y ver hasta donde de donde sin un cierto por qué.

Ignoraré mis destellos forjados a fuego, y permitiré desde la creencia que hay cosas, personas, momentos, historias que nacieron para desafiarnos,
que el carácter atesoró en urnas herméticas de fortaleza y soledad,
que no importa el los demás en nuestras decisiones, aunque les atañen,
que destiño lo cercano en la piel,
de estaño los abrazos que no son extraños, aunque a veces son oscuros de cruz y lamento.

Permitiré ver si puedo,
si todo de mí permuta y quiere,
si evolucionar en el trasfondo del dolor que siento,
si es real o una excusa tañida en el crisol del viento,

Caminaré con pasos cortos,
desconfiados y desafiantes para que nada pare después de la decisión,
fortaleceré mis defensas con espumas de la mar,
atornillaré en brisas las risas que siento, y abrazaré este desafío como una oportunidad
y veré si mis velas están listas para este viaje.

Y de aquí en adelante entrego el timón, a la vida que me ama, y que nunca me enfrentó con nada que no pudiera, y si alguna vez flaqueé seguramente fue por falta de tripulación y no de tribulación.

Ignorar no es perder la memoria, es colocar las piezas del puzle en espacios finitos nunca vividos, donde el regalo se convierte en leyenda, y cada paso en un nuevo camino por recorrer.

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