Despierto en el desfiladero donde germinan los lamentos más oscuros y los deseos más perpetuos, me sostiene la certeza de las caídas, los golpes y los desvelos, escapo hacia dentro del laberinto donde el poder es un don y un escarmiento, donde todo lo que construye mi mente, destroza las esquirlas destellantes, los espacios que cercenan la luz, los martillos que arrancan lamentos de mandoble y brisa, las palabras espejantes donde tu verdad es lacerante, donde descubro que si te creo más a ti que a los que siento, solo me queda la horca de la desidia, del desvelo sonriente, carcajadas de lamentos, escandalosas expresiones de miedo a vivir, de sacarme los colores de la piel de la alegría que me habita, y concederte la llave antes de que pidas entrar o salir.
El bostezo de hastío, me hace despertar dando gracias, gracias por todo lo vivido, por todo lo que sé y que ignoro, por todo lo que aún no llegó y germina.
Al segundo desplome de mente y seguridad inacabada, mis manos tocan la tierra que palpita entre la hojarasca y la naciente mezcolanza de nubes de manantial, y refresco lo suave que canta, lo tibio que recorre, lo intenso que agita, en el clarear del nuevo día, del nuevo hombre, del nuevo que no se reconoce ni en nombre ni en forma, completado e inacabado, petulante y aromático, extenuante y servicial, desde el no que se ve y el refulgente que se entrega.
Yérguete y suma, grita el silencioso niño que gorjea algarabiando lo que despunta, los soles del amanecer desde el vamos, el estamos sin espasmos, enajenando al miedo disociando al pánico, amigando los esperpentos que abrigan calor y esperanza en torres de Babel, en montañas estrelladas.
Mujeres que no necesitáis humillar ni humillaros, ahora que somos millares, y miradas, y encuentros de corazón y manos, y abrazos y ternuras, desvelemos las noches inertes, las mansedumbres que funden, los sortilegios que elevan, y escondamos los nombres y las etiquetas.
Cuando despierte en el nuevo día, despuntaré en espumas, anudaré en caricias, me encontraré con tu luz que difunde, esparciré semillas y semblanzas, equilibrios de lluvias, pentagramas y oboes, bailes y no dejaré de mirarte con el alma, con la perenne extrañeza, con la mirada perdida, con la certeza de que somos, y que caer en lo profundo, en el fondo de la vida, solo sirve si paras un segundo, miras de donde venías, y te entregas al impulso consciente que emana de la Vida,
Este sueño real y único, donde no necesito más ropas que sentir, más palabras que ojos que ven al mirar, y abrazan desde la piel vibrante.
Sé que tú,
desconocida que me habitas,
eres la completud
y aunque a veces te sienta lejos,
te presiento desde siempre.
Estabas, estás y estarás
compartiendo,
creciendo,
formando
presente, presencia, esencia
en todas mis vidas.